Velas, cigarros, la cerveza preferida y el mole que le gustaba. Flores blancas, incienso, música clásica en el viejo radio y la foto antigua que durante todo el año permanece en el ropero, adornan cada año su ofrenda.
Tenía cuatro años y poco tengo en la memoria de ese olor a guayaba que mis hermanos dicen que desprendía al caminar. Los zapatos negros del 7 y medio, la camisa a rayas que a un costado conserva el trabón que le dio cuando se cayó de la sorpresa de saber que yo había nacido y un saco roído ya por el tiempo… sólo eso construye en mi mente la imagen de mi padre.
Llorarle a un muerto que no se conoció es más triste que echar la lágrima por aquél con quien se compartió una vida. Es derramar la expresión de la ausencia en tu vida, de lo que no fue, de lo que no se disfrutó. Tener un retrato sonriente de la persona que nunca te dedicó ni un gesto es más doloroso aún que haberlo visto hacerte una mueca que no aparecerá en su rostro jamás.
Así viví siempre, entre recuerdos y anécdotas, entre nostalgia y hubieras. Mil veces me pregunté, frente a ese altar que se pone a principios de noviembre, lo que él me habría dicho el día que por primera vez besé a una mujer. Qué habría pensado de mí cuando a los 8 años me descubrieron robando un chocolate en la tienda de Isidro, el viejecito eterno. ¿Ese rostro que ahora parecía tan amable, se conservaría de la misma forma si hubiera visto ese primer examen reprobado?
Chiapas es un lugar de clima y gente cálida, aquí el fuego se lleva por dentro, pero no siempre la llama es ardiente, en ocasiones más parece un cubo de hielo que duele cada que respiras hondo suspirando por un recuerdo creado con los años y borroso por las lágrimas.
La ausencia de un ser que no se conoció es una quemadura de hiel que no se acaba nunca… unos tragos con los amigos a veces hacen menos intensa la sensación.
El día que Alba Sofía se durmió en mis brazos por primera vez, el dolor de una paternidad perdida se hizo más presente. El llanto cada que la abandonaba por un viaje de trabajo, en las noches de reporteo que la cuna quedaba sin la insistente vigilancia que ella me exigía, partía mi alma y me hacía sentir tan culpable como el padre que murió sin conocerlo… sin conocerme.
Hoy Alba ya no llora, la indiferencia y el reclamo, acentuados con la adolescencia, se suma a las ausencias que me han acompañado siempre.
En fechas como ésta, cuando esos ojos de una profundidad desconocida se clavan más hondo, el número de copas aumenta. Miro nuevamente esa ofrenda acostumbrada, el mole desprende el olor característico de aquél que se hace en la olla de barro. La cerveza Corona que colocaron al frente, tiene un color que la hace más apetecible, pero es de él, de su ausencia, para que él único día que regresa tenga algo que calme su propio fuego.
Hoy, la última copa que tomé apagó mi fuego para siempre.
A la memoria de un gran compañero, periodista y amante de las letras. Descanse en Paz, Jorge Luis Espinosa
El día de ayer trascendió la noticia de que el periodista Jorge Luis Espinosa, compañero de trabajo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, falleció. La noticia sin duda conmocionó a amigos y compañeros, incluso a aquéllos que convivmos muy pooco con él.
Un hombre de sonrisa franca y mirada cálida, que con su sencillez se ganaba de forma inmediata a quienes lo conocíamos. La pena que ahora siento en nada se compara con la de quienes tenían años de tratarlo, aún así mi más sentido pésame a la familia y un aplauso desde aquí al hombre de las letras, al amigo de todos, al periodista.
Descanse en paz.
Aquí la nota del periódico Milenio, en donde colaboró hasta el último día.
Hace apenas unos días, Jorge Luis Espinosa (Comitán, Chiapas, 1963-México, DF, 2009) todavía caminaba, tomado de la mano de su pequeña hija Alba Sofía, por las calles de Guanajuato. Aún sonreía, a veces a carcajada abierta, con los recuerdos de sus años como periodista cultural en el Festival Internacional Cervantino.
De las coberturas, claro, de las notas informativas y las presiones de los jefes por terminar a tiempo con las crónicas y las entrevistas, pero también de las noches de bohemia... Ése era Jorge Luis, el periodista admirado y respetado, pero sobre todo el amigo, al que todos querían y recordarán tras su partida.
A sus 46 años preparaba la presentación de su libro En memoria del fuego, editado por la colección de Periodismo Cultural del Conaculta.
Con gran orgullo, Jorge Luis relataba que había llegado a la ciudad de México a los 18 años, dispuesto a convertirse en periodista, vino con uno de sus hermanos desde Comitán, Chiapas, su pueblo natal, al que regresaba cada año para recorrerlo en bicicleta y volver a vivir en él la pasión por su raíz: el “vos” que siempre lo acompañaba.
Ya en la gran urbe ingresó a la Escuela Carlos Septién García desde donde emprendió el vuelo hacia el periódico Uno más Uno, ahí se forjó como uno de los más respetados reporteros culturales.
Por su trayectoria fue invitado a integrarse a la sección cultural de Milenio, en donde colaboraba hasta antes de su muerte. También formó parte del equipo de El Independiente y luego se incorporó a El Universal.
Le costó mucho trabajo tomar la decisión de dejar el diarismo para trabajar en el Fondo de Cultura Económica, al lado de su entonces directora, Consuelo Sáizar, quien lo llamó nuevamente para que la apoyara, ahora en su cargo como presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
Su obsesión eran las plumas y las libretas, las tenía de todas las formas, marcas y tamaños, viajaba siempre con una libreta que se convertía en su cómplice, ahí guardaba sus reflexiones.
Se fue Jorge Luis Espinosa, un amante de la cultura, en especial de la literatura: periodista que en muchos dejó sus enseñanzas, su manera de entender el periodismo cultural como un ejercicio cotidiano cerca de creadores y artistas, de quienes trabajan a favor de la cultura.
Sorpresivamente, ayer se dio a conocer la noticia de su fallecimiento. Innumerables amigos de todas las redacciones e instituciones culturales en las que laboró acompañaron a su viuda, también reportera de Milenio, Blanca Valadez, en el último adiós al que fuera nuestro compañero.
Leticia Sánchez
La nota de La Jornada
Jorge Luis Espinosa en tercera persona: “Aún no nacía cuando su madre soñó con el destino del ser que llevaba en el vientre. Ella bajaba por la calle central del pueblo. Por el aire descendían páginas de periódicos que no alcanzaba a atrapar. A su alrededor, otros tomaban con facilidad esas hojas que caían. Lo que ahí estaba escrito parecía ser importante, por lo que se empeñó en tomar una para descubrir que en esas páginas venía escrito el nombre del hijo quepronto nacería. ‘Mi hijo va a ser famoso’, se dijo al despertar.”
Son las primeras líneas de En memoria del fuego, libro del compañero Jorge Luis Espinosa, notable periodista cultural quien falleció hace pocas horas, luego de un largo padecimiento. No eligió la fama sino la noble discreción que prodiga el periodismo cultural.
Sus restos físicos fueron velados anoche en Mausoleos del Ángel. La presentación de su libro, editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en su colección Periodismo Cultural, ya había sido agendada, en días previos a su muerte repentina, para el 19 de noviembre próximo, y así ocurrirá.
Nació hace 46 años en Comitán, Chiapas. Al terminar la carrera de periodismo eligió especializarse en la fuente literaria, “porque el periodismo es fuego de todos los días”.
Explicaba: el periodismo cultural “tiene la viveza de la llama, pero, como ella, pronto se convierte en ceniza y va al depósito de la historia diaria, aquella de la que pocos o nadie se acuerda, porque otra llamarada se ha prendido y atrae al instante la mirada del lector, ávida del acontecer de los días”. En memoria del fuego compendia el trabajo cultural que ejerció durante décadas en distintos medios de información. En 347 páginas cirnió “fuegos de un solo día”: entrevistas, crónicas y reportajes que nacieron para el instante periodístico, “en el horno de la redacción diaria, sin tiempo para el reposo pero sí frente al segundero”.
Eligió el pensamiento de un filósofo para sus reflexiones, sus charlas con los compañeros, su indagación interior y también para iniciar su libro: “tras once años de ese vagabundeo por las zonas oscuras, una apoplejía acabó con la vida de Friedrich Nietzsche. El siglo comenzaba, pero con una advertencia: –No nos cobijemos bajo las apariencias, no narcoticemos la existencia con sus vapores. Veamos lo que es y puede ser el hombre enfrentado al abismo de la vida (...) ¡Refundemos al Hombre!”
Su esposa, Blanca, su hija Alba Sofía, a quien está dedicado el libro, sus compañeros, colegas, amigos, tienen en la memoria personal y En memoria del fuego, el legado de un hombre bueno y de un excelente periodista.
La presión del aire sobre sus mejillas no la dejaba ni respirar. Sentía su cuerpo entumecido, como si hubiese permanecido cayendo de un precipicio tanto tiempo, como el que se necesita para esperar el parto de una mamá elefante.
Los brazos ya no dolían, tenia la impresión de que los había dejado en alguna parte del camino; los hoyos negros pueden llevarla a cualquier parte, cada noche a un lugar diferente. Mientras caía, recordaba a dónde la había conducido noches anteriores, los mágicos mundos que conocía cada vez que sus ojos color miel se cerraban tras días tortuosos llenos de trabajo, tanto que en lugar de dormir, parecía que cada noche moría.
Fue ahí donde vio por primera vez a su novio el duende verde, recordó las flores de polvo de hada que le regaló para conquistarla, lo mucho que disfrutó el espectáculo solar que llevó sólo para ella y cómo latían sus 4 corazones –todos muertos de cariño por ella- cuando la sentía cerca. Desde entonces, cada 34 del mes tenían una cita.
¿Cómo serían sus hijos si ella decidiera que una noche se quedaría para siempre bajo ese cielo dorado por el polvo que se desprendía de la cabalgata de los unicornios? ¿Tendrían esas manos tersas del duende o sería acaso que heredaría esos labios carnosos que ella mordía como tic? ¿Y si fueran como él, podrían también adivinar el futuro y aprender del pasado? ¿Sabrían manejar los aros de cristal que le daban el toque romántico a las tardes de lluvia?
Ese hoyo negro puede llevarla a casi cualquier lado; tal vez hoy no era noche de duende, quizá tocara visitar a su querida lucecita, esa pequeña trol que le contaba las mejores historias de amor y desamor que hacían que el viaje se sintiera como un parpadeo.
Qué hermosas canciones inspirarían a los cantautores si tuvieran la oportunidad de escuchar lo que Lucecita contaba; por lo menos ella debería poder contarles ya que ellos no pueden verla, pero la promesa de que aquéllos encuentros eran un secreto inviolable, se lo impedía.
Ya tampoco sentía las piernas. Mientras caía, percibía siempre el grato olor de una orquídea azul que le anunciaba la cama de flores que la recibiría en su aterrizaje. Eran sus flores favoritas, aunque las gardenias multicolores que un día le mostró su adorado Carrizo, el Pegaso que le servía de transporte cada noche, la ponían en un serio dilema de preferencias florales.
Los chispazos que comenzaban a aparecer por doquier, le anunciaban que por fin llegaría. La ansiedad por saber a qué nuevo personaje encontraría le impedía respirar con normalidad. Si su hermana pudiera acompañarla le creería por fin que aquél mundo de fantasía, colores y con los olores más dulces y empalagosos del mundo, realmente existe. Después de todo, ¿quién dice que una mujer ciega no puede ver su propio mundo de sueño?
Alegando problemas de salud, Rafael Acosta Ángeles, quien hasta hace un par de meses aseguraba ser el delegado que llevaría el agua a los iztapalapenses, tomó protesta el jueves 1 de Octubre en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y minutos después pediría una licencia por 59 días, cediendo el paso a Clara Brugada y el proyecto López Obradorista.
Comerciante ambulante, ex actor de las películas de ficheras, ex nudista, ex luchador y quien hasta el 3 de diciembre del 2008 fue militante del Partido de la Revolución Democrática PRD, contendió representando al Partido del Trabajo PT por la jefatura delegacional de Iztapalapa, en las pasadas elecciones del 5 de julio, 180 397 votos le significó el triunfo frente a su contrincante Silvia Oliva.
Con una característica banda tricolor siempre en la cabeza (cual Rambo mexicano), un hombre salido del pueblo, con una nula carrera en el servicio público, dos infartos producto de las golpizas con granaderos y miembros del Estado Mayor Presidencial, Juanito, como se le conoció desde su repentino ascenso a la fama internacional, despertó por fin del sueño de ser el delegado de Iztapalapa.
La postulación de Andrés Manuel López Obrador de un personaje casi surrealista, le pareció la mejor forma de asegurar la llegada de Clara Brugada al poder, y pese a que en principio el popular hombre de barrio accedió, la fama fue ganando lugar en sus aspiraciones políticas y durante más de tres meses, aseguró que si el pueblo lo había elegido a él, debía ser quien gobernara la delegación más poblada y problemática de la capital del país.
Con más de 3 millones de habitantes, Iztapalapa se volcó en halagos a un hombre cuya nula experiencia en el gobierno se habría de demostrar tarde o temprano; la atención de todos los reflectores y hasta el ofrecimiento de una película sobre su vida, hicieron que Rafael Acosta, quien pensó en la actriz Lyn May como “primera dama”, perdiera el piso y causara un conflicto político que sólo deja entre ver el circo en el que se vuelven los escenarios de poder en México.
Una reunión privada con el Jefe de Gobierno Capitalino, Marcelo Ebrard, fue suficiente para hacer de las aspiraciones políticas de Juanito, quien tras meses de hacer aspaviento con todos sus planes, de pronto recordó el par de infartos que sufrió y anunció en conferencia de prensa que siempre no, que tras tomar protesta como delegado, pediría una licencia de 59 días que darían a Clara Brugada toda la libertad de tomar posesión del cargo disputado.
“Siempre supimos que Juanito cumpliría”, aseguró Brugada, quien fue acusada por el popular personaje hasta de amenazas de muerte. Finalmente llegó el esperado 1 de octubre y el asunto quedó definido: Rafael Acosta salió por la puerta de atrás, con la cabeza baja y la carga de uno de los capítulos más vergonzosos de la política mexicana a cuestas.
Le debe su sobrenombre a un equipo de futbol que formó hace casi 30 años, en el que “casualmente” 11 de los integrantes se llamaban Juan, desde entonces la gente de la colonia lo conocía como Juanito; hoy, uno de los nombres más comunes del país, es motivo de burla o escarnio, es inevitable su relación con ese político que soñó que podía gobernar junto a una fichera.
No era el único que causaría polémica en esa toma de posesión, Orvañanos de Cuajimalpa y Sodi de Miguel Hidalgo, podían haberle echo sombra, pero su ¡Muera el PR… PT, por traidor! Fue la cereza del pastel… finalmente gente de pueblo con sangre caliente.
Unos ojos que expresan la pasión por la academia, el gusto por el periodismo y el amor a la poesía. Lucía Rivadeneyra, una mujer que desde hace más de veinte años contagia irremediablemente la entusiasmo por la literatura y la concreción a los alumnos de Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.
Rodeadas de carteles que anuncian conferencias, homenajes y presentaciones de libros, que delatan el gusto poético y literario, en un cubículo compartido con otra profesora, Lucía acepta seguir aquella dinámica que David Magaña aplicara con Alejandro Aura en Ver misterios en la punta de un alfiler y conscientes de la personalidad feminista y la entrega de ésta mujer, merecedora de los premios de poesía: Efraín Huerta, Elías Nandino y Enriqueta Ochoa, comienzan a salir los papeles:
AMISTAD
- Creo que es más valiosa que el amor. El amor a veces se acaba, la amistad no se acaba nunca. Adoro a mis amigos, soy de amistades muy largas, conservo algunas desde la primaria. Nos hemos dado muestras de solidaridad, que me parece muy importante. Son compañía, apoyo, calor… una delicia.
Dicen que son los hermanos que uno escoge tener.
- Exactamente, tengo entonces muchos hermanos y un buen de hermanas, me precio de ello.
AMOR
- Uy… Yo creo en el amor. He amado varias veces, he desamado también,entonces tengo las dos partes. Uno siempre busca el amor. Mueve el mundo. Es un lujo cuando uno ama, es un gozo, es un placer. Es lo que te hace sentir vivo, unose cree capaz de hacer cualquier cosa.
¿Hay amores eternos?
- En la literatura ja ja. No, el amor feliz no tiene historia, el trágico sí. Los que quedan en la memoria son los que serán eternos.
LOS JÓVENES
- Son un lujo, una esperanza, confianza, enseñanza. Yo de los jóvenes aprendo todos los días y como tengo contacto con ellos todos los días, comenzando con mi hijo que tiene 16 años, es una enseñanza contínua. Hay que escucharlos.
Yo adoro a los jóvenes, por eso los de primer semestre son de mis consentidos porque son de una frescura extraordinaria. Claro, hay otros grupos que también han sido maravillosos. Jóvenes desbordados, inquietos, gozosos, atentos.
La docencia me da la posibilidad constante del contacto con los jóvenes. Son un alimento, una vitamina, es un levantón en la vida, la sonrisa, la mirada, incluso hasta la fodonguez… uno dice ¡Ánimo!
Es algo extraordinario que yo no me plantee, que se dio y que es un lujo.
MUJER
- Soy feliz de ser mujer. Creo que empecé con el pie derecho siendolo qué bueno que se conjugaron los genes de mis papás para que yo naciera mujer jajaja. Para mi ha sido una suerte haber nacido así, lo demás ha sido por añadidura.
Lo he disfrutado muchísimo, vivo una trinchera cotidiana para defender derechos míos y de todas las de mi género, de mi gremio.
Es sinónimo de vida, de gozo, también, sólo que es una pena que haya una represión y violencia ancestral, que se siga dando la violencia en la calle, con los machines, unos que son peores que otros, pero es parte de nosotros dejarlos, no hacerles caso.
Creo que lo interesante cuando uno es mujer y te gustan los hombres es los hombres y no los machines, hay diferencias.
En mi caso ha sido gozoso ser mujer, además eso me permitió ser madre, que es la experiencia del embarazo es un privilegio. Ahí si la naturaleza nos dio la capacidad de ser madres, que no es una obligación pero si se decide, se desea, saber que se gesta una personita es un lujo en la vida. Y parir a esa personita es mágico, de verdad, para mí es una experiencia deliciosa ser madre por decisión.
MÉXICO
- México es mi patria, donde nací, donde está mi tierra, donde está el viento, mi familia… mi espacio, mi idioma, la comida mexicana… Pero también México es el dolor de la corrupción, que no es privativa de la clase política sino de la cotidiana, desde el profesor acosador sexual al taxista que altera el taxímetro, al que altera la báscula en el mercado, al que roba lo que sea… esa es la parte dolorosa.
Lo otro, el país, no tiene la culpa, el país ahí está, es generoso.
¿México duele?
- Sí, a mi me duele cotidianamente, cada vez que abro el periódico, que veo los noticieros, me duele, me duele el país porque creo que algunos si intentamos ser congruentes y vivir de manera honesta. Yo vivo de manera honesta, entonces me da coraje ver que hay gente que no se lo gana así.
Me duelen las noticias, me duele la sordera y la inmoralidad de algunos que están en el poder, pero ahí están y tenemos que mejorar todos.
¿Vale la pena luchar por México?
- Yo lucho todos los días.
Cinco preguntas era la promesa, pero… ¿nos echamos otra?
- Nos la echamos…
LOS BESOS
- Mmm… qué rico. Hay que aprender a besar, yo creo que para que uno tenga besos memorables se debe aprender a besar. Y se aprende. No todo el mundo aprende a besar y hay besos que no se olvidan jamás, no mucho, algunos… por eso son inolvidables. Hay que aprender a besar y besar cada vez que se pueda.
¿Hay besos que matan?
- Bueno… metafóricamente hablando, claro. ¡Afortunadamente hay besos que matan! y que nos acompañan siempre, por eso hablaba de los inolvidables.
Y hay otros que dan flojera ¿no? Hay gente que nunca aprende a besar y es algo que alguna vez me dejó sorprendida. Yo decía bueno, pero se aprende… pero no, hay gente que nunca aprende… ni modo, de lo que se pierden.
Caray, un beso ¡qué rico!, cómo se antoja en este momento… Haces que se me antoje un beso. Que me lo den y darlo, porque cuando es mutuo es cuando es ah… el éxtasis.
Ok, ok... no soy la mejor con estos ejercicios de descripción, pero sólo por ociosidad les comparto el "dibujo" de la guarida que me resguarda desde hace unos años...
Las flores y mariposas blancas en la pared, harían pensar a cualquiera que es una recámara infantil. El contraste que hace con el azul celeste de fondo, imprimen en ella un ambiente de luz permanente.
La cama, colocada en el fondo del cuarto, individual, confortable, con una colcha siempre combinada con los colores de los muros, es el lugar de descanso de un oso de peluche con casi 7 años de antigüedad. Frente a ella, como recuerdo del único regalo paterno de quince años, está el televisor Sony que a últimas fechas poco se enciende para evitar escuchar las permanentes malas noticias.
Junto a la cama hay una gran ventana, con las cortinas casi siempre cerradas como señal de la intimidad que la ocupante siempre busca en ése, su refugio.
Frente a ese ventanal, que da al jardín de la casa, se desborda un librero, heredado de la línea materna. García Márquez, Eca de Queiroz, Juan Rulfo, Ricardo Garibay, Fernando del Paso, Ray Bradburi, son algunos nombres que se leen en los lomos de los libros que –apretados por el ya insuficiente espacio- se observan aún estando sentados en la orilla de la cama.
En contra esquina al mueble que permite tres horas de sueño al día, se ubica el desordenado escritorio en forma de escuadra que debido a la profesión de la dueña, no podía faltar. Una repisa llena de tazas que colecciona, fotografías personales, llaveros, pequeños peluches, dan el toque femenino del pedazo de madera.
En contraste, decenas de ejemplares de “El gran diario de México”, revistas de comunicación, coloridos bloques de post it y demás materiales propios de un trabajo secretarial ocupan la mitad del espacio. Arriba de él, empotrados en la pared florida, ajustados sobre un corchete, las fotografías de familiares cercanos, amigos asiduos y amores platónicos, dan cuenta del sentimentalismo cuasi cursi de quien ahí trabaja.
Tres espejos que delatan la vanidad de la dueña, el clóset lleno de ropa que ya no se usa, un bote de basura siempre lleno de papeles y la pila de cuadernos sobre un mueble de plástico –también azul-, delatan el poco tiempo que la joven tiene para ordenar esa jungla.
Un crucifijo arriba de la cama, peluches, una rosa seca en el escritorio, plumas de todos colores y la laptop que funciona 28 de 24 horas al día, son otros de los objetos comunes de este espacio de la más corriente pero menos común de las ocupantes… una loca periodista, amante solitaria y soñadora completa, que pasa los mejores minutos de sueño entre esa maraña de cosas.
Soñadora, terca, sensible, cantante de regadera, periodista en proceso, ignorante confesa, entusiasta aprendiz, amiga incondicional, amante de lo clásico, romántica empedernida, celosa,enemiga de la hipocresia, impulsiva, insegura, fanática del chocolate, coleccionista de ilusiones, enamorada del amor y segura servidora.
• 12 monos • Molino Rojo • 10 cosas que odio de ti • 1408 • 27 Bodas • Acusados • Atrápame, si puedes • Cansada de besar sapos • Casablanca • Cómo perder a un hombre en 10 días • Desierto adentro • Destino Final (1,2 y 3) • Dos tipos de cuidado • Duro de Matar • Déja vu • El aro • El callejón de los milagros • El diablo viste a la moda • El efecto mariposa • El exorcista • El laberinto del fauno • El lector • El periodico del terror • El resplandor • El títere • Escuela de Vagabundos • Eso • Espejos Siniestros • Están entre nosotros • Fragil • Gracias por fumar • Grudge, La Maldición • Hostal • Infidelidad • La Duda • La llave maestra • La otra Reina • La profecía • Ladrón que roba a ladrón • Locura de amor en las Vegas • Los Habitantes • Los tres García • Los tres huastecos • Madagascar • Matando Cabos • Misión Imposible • Mullholan drive • Nemo • Piratas del Caribe (I, II y III) • Premoniciones • Prueba de Fé • Quiero robarme a la novia • Réquiem por un sueño • Saw (I,II,III, IV, V y las que se acumulen, je) • Seven • Señales • Sin descanso • Sultanes del Sur • Vaselina •La emboscada• etc.,etc.,etc.